Paisajes lingüísticos de frontera en España. La frontera extremeña.

Los primeros estudios de paisajes lingüísticos en España aparecen en las comunidades que poseen lenguas cooficiales, es decir, el gallego, el catalán y el vasco, como una consecuencia lógica de los presupuestos fundacionales de esta metodología por parte de Landry y Bourhis, quienes pretendían estudiar el impacto que las políticas de preservación de la lengua francesa en Quebec habían producido en el espacio público. De hecho, ya antes de la aplicación de esta nueva metodología, en Cataluña habían aparecido algunos trabajos, como los de Jordi Solé Comardons y Joan Maria Romaní, que evaluaban los resultados de las campañas de la Generalitat para sustituir el español por el catalán especialmente en el comercio. No es de extrañar que el mismo gobierno catalán haya mantenido o promocionado desde entonces actividades relacionadas con los paisajes lingüísticos, por ejemplo, gracias a la revista Llengua y Ús de la Direcció General de Política Lingüística, entre otras. También el Institut d’Estudis Catalans, a través de su revista Treballs de Sociolingüísica Catalana, apoya este tipo de trabajos.

El País Vasco ha producido algunos trabajos de paisajes lingüísticos en los últimos años, sobre todo en el análisis del espacio público de San Sebastián, a partir de un núcleo investigador de la Universidad del País Vasco. Destaca especialmente Durk Gorter, cuyas pesquisas no solo se refieren a Euzkadi, sino también a otras realidades europeas, incluyendo algunas áreas fronterizas.

En Galicia, la actividad que se ha desarrollado en el estudio de los paisajes lingüísticos parte de un Máster en Lingüística Aplicada compartido por las tres universidades gallegas. El análisis de ciudades como Santiago de Compostela o Pontevedra dio sus frutos en artículos publicados en los Cadernos de Lingua de la Real Academia Galega. Algunos autores, caso de Matthew Wellings, más recientemente, han llevado la metodología a otros espaciones innovadores, como la presencia del gallego en Internet.

En definitiva, España inició los estudios de paisajes lingüísticos, siguiendo el modelo tradicional, en aquellos territorios que poseen una lengua cooficial minoritaria o minorizada con el propósito de evaluar los resultados de las políticas de normalización lingüística que llevan a cabo los diferentes gobiernos regionales y, al mismo tiempo, para registrar el impacto que esas políticas tienen en el uso real de esas lenguas y analizar las actitudes lingüísticas de los habitantes de aquellos territorios.

Desde luego, no son los únicos aspectos que se han estudiado en España. También han sido objeto de estudio las lenguas de los emigrantes en áreas urbanas donde su presencia es relevante, como Madrid, pero el análisis de los paisajes lingüísticos en las fronteras con Francia y Portugal no ha producido aún los estudios que se merece. En cuanto a la frontera con Francia, se han hecho trabajos que, en realidad, no indagan sobre la presencia de la lengua del vecino en el territorio propio. Por ejemplo, Aitzpea Leizaola y Miren Egaña tomaron como objeto de estudio la Eurociudad vasca para analizar la presencia del vasco en la región transfronteriza entre San Sebastián y Bayona, si bien limitándose exclusivamente a las señales de tráfico y sin ajustarse con rigor a los preceptos metodológicos tradicionales.

Por lo que se refiere a la frontera entre España y Portugal, un primer trabajo lo lleva a cabo Lola Pons en el Algarve. Sin cuantificar los datos ni comparar lo que ocurre a uno y otro lado de la frontera, Pons advierte, en general, una postergación del español en las localidades portuguesas, no solo frente al portugués, sino frente a otras lenguas como el inglés. Hay una consciente autoafirmación nacional frente a España que parece contradecir la política europea de construir fronteras que sean porosas. Xosé A. Álvarez Pérez, en un trabajo mucho más completo donde estudiaba dos pares de localidades próximas hispano-portuguesas (Verín con Chaves y Vilar Formoso con Fuentes de Oñoro), encuentra que se descuida la presencia de la lengua del país vecino, tanto en España como en Portugal, pero ese ‘descuido’ es más evidente del lado portugués.

En los últimos meses he tenido la oportunidad de publicar algunos trabajos sobre los paisajes lingüísticos de dos comarcas limítrofes: la de Valencia de Alcántara en España y Marvão en Portugal. Del lado portugués, especialmente en la misma villa de Marvão (cuyo extremo cuidado en su conservación la han convertido en una pequeña ciudad-museo dedicada al turismo, su principal fuente de ingresos), se ha limitado mucho la exposición en el espacio público de todo tipo de información: salvo pequeñas placas informativas, no es posible fijar nada sobre los muros de las casas. Los establecimientos deben utilizar las puertas y ventanas, incluso soportes provisionales sobre el suelo, para exponer sus productos, sus menús o sus horarios (v. Imagen 1). A su vez, la señalización de los lugares de interés de la villa se hacen exclusivamente en portugués, aunque se acompaña de dibujos que supuestamente podrían facilitar su entendimiento por parte de los visitantes no lusohablantes (v. Imagen 2).

Existen algunas placas informativas junto a los monumentos. Las más antigas describen el monumento, por este orden, en portugués (en letra ostensiblemente mayor), en inglés y en español (v. Imagen 3). Las más modernas solo utilizan el portugués y el inglés (v. Imagen 4). De hecho, el inglés es el único idioma utilizado junto con el portugués en la información exterior de establecimientos públicos o privados, tiendas, bares, restaurantes, hoteles, museos, etc. (v. Imagen 5). Solo en un caso he encontrado información bilingüe en portugués y español: se trata de una tienda de alimentos y bebidas tradicionales (v. Imagen 6). Llama esto la atención especialmente si tenemos en cuenta que la mayor parte de los visitantes son españoles y que los portugueses de la región son, en su gran mayoría, bilingües y utilizan la lengua española cuando atienden a los clientes del país vecino.

No solo está desapareciendo el español del paisaje lingüístico de Marvão, sino también cualquier alusión a España. Ni siquiera en los espacios de avisos e información pública de la Junta de Freguesia o de la Câmara Municipal se alude, al menos, a las numerosas actividades que el mismo ayuntamiento marvanense realiza conjuntamente con Valencia de Alcántara dentro de diferentes programas transfronterizos promovidos por la Unión Europea. Nada hace pensar que España esté tan próxima de la villa. Hay, naturalmente, una intencionalidad celosamente guardada por las autoridades de reafirmación cultural e identitaria junto a una frontera que se transita sin obstáculos y frente a un país cuya presencia se percibe como un peligro para la cultura propia. El recurso al English Only es, en realidad, una forma de solventar la necesidad de establecer un procedimiento de información a los numerosos turistas que todos los años llegan a Portugal evitando la lengua española.

Al otro lado de la frontera, en Valencia de Alcántara, la presencia de la lengua portuguesa en el espacio público es muy marginal. La tradicional facilidad de los portugueses fronterizos para entenderse en castellano hace que los negocios o los puntos de interés turístico no consideren necesario el uso del portugués. Tampoco se ven otros idiomas en el espacio público, salvo algún bar o restaurante con el menú traducido al inglés (v. Imagen 7). Valencia de Alcántara no recibe a muchos turistas extranjeros y esto se nota bastante en la información que se expone ante los monumentos, redactada exclusivamente en español (v. Imagen 8).

No se advierte una reglamentación especialmente cuidadosa en el uso de calles y plazas para la exposición de mensajes de todo tipo. La señalización de los lugares de interés es muy heterogénea y los negocios privados o las instituciones públicas exhiben información de todo tipo. Algunos carteles de actividades culturales y de ocio, cuando son transfronterizas, recogen en portugués la referencia al programa europeo al que pertenecen si es el caso. Normalmente se trata de traducciones superpuestas en las que las redacciones en castellano y en portugués se mezclan (en la Imagen 9 leemos, por ejemplo, “Circuito turístico por tierras rayanas / terras raianas”). También aparecen en portugués, obviamente, los nombres de grupos culturales a los que se les invita frecuentemente en Valencia de Alcántara y su comarca (v. Imagen 10). Incluso es posible encontrar carteles en portugués de actividades que se desarrollan en el país vecino (Imagen 11). De hecho, aunque la lengua portuguesa tenga una presencia exigua en el espacio público de la villa extremeña, las alusiones a Portugal son constantes, no solo en los carteles de actividades o en los programas expuestos en el Centro Cultural y los museos, sino también en el mismo callejero (Plaza de la Amistad Hispano-Lusa, Avenida de Lisboa) o en los nombres de algunos negocios (v. Imagen 12). En claro contraste con Marvão, la frontera y las relaciones con Portugal se han convertido en una seña de identidad de Valencia de Alcántara y constituyen uno de los reclamos que se utilizan para atraer visitantes. La actitud de los españoles es, sin duda, radicalmente distinta a la de los portugueses a uno y otro lado de la misma frontera.

*Todas las fotografías han sido realizadas por el autor de esta colaboración.

Juan M. Carrasco González, Universidad de Extremadura, España
Maio de 2021

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